Los sistemas educativos en América Latina, incluido el colombiano, avanzan lento porque van por el camino viejo.

Es cierto: ha habido cambios importantes, no sólo en el terreno de la cobertura, sino en el del mejoramiento de la calidad. Aunque a nivel de política pública son insuficientes, hay experiencias destacadas, como es el caso de Escuela Nueva.

En Colombia, los cambios notables en los últimos 40 años incluyen la reforma curricular entre 1976 y 1984, el nuevo enfoque en los exámenes del Icfes comenzando el siglo XXI (de la verificación de conocimientos y aptitudes al desarrollo de las competencias comunicativas), nuevos lineamientos curriculares, establecimiento de estándares básicos de competencias, programas de competencias ciudadanas. Ello, parejo con un aumento en los años de escolaridad en todos los tramos educativos, como lo reconoce la OCDE.

Sin embargo, el mundo ha cambiado por razones económicas, culturales, políticas, tecnológicas, y el sistema educativo no lo ha hecho en la profundidad que los retos contemporáneos exigen. En toda la región existen hoy hondas inequidades en el acceso a la educación de buena calidad, al bilingüismo, deserción de los más pobres, trabajo infantil y, pese a la diversidad étnica y cultural, enfoques “homogéneos” de la política educativa que pasan por encima de las características particulares de distintas minorías.

Para la Unicef* debe generarse, en palabras simples, la sustitución de un modelo tradicional que pretende enseñar a leer y escribir durante la niñez por uno propio de las sociedades del conocimiento: construir la capacidad en niños y jóvenes de aprender las competencias del siglo XXI a lo largo de toda una vida. Para Vaillant y Aguerrondo* ello es posible si se introducen innovaciones disruptivas y ello puede ocurrir si se sustituye el pensamiento lineal por el complejo, la homogeneización por la diferenciación y el trabajo individual por el colaborativo, entre otros aspectos.

Las noticias son agridulces. Si bien la política pública se mueve con lentitud, existen múltiples experiencias en América Latina que pueden calificarse de disruptivas. De centenares de valiosas experiencias latinoamericanas, Unicef rescata cuatro, que incluyen Escuela Nueva de Colombia, Relación Tutora de México, Aprendizaje en servicio y la de cursos abiertos y masivos en línea (Uruguay). Escuela Nueva, liderada por Vicky Colbert, aplicada con éxito en Perú, Brasil, República Dominicana, Vietnam, Zambia, es un ejemplo, absurdo, de cómo no se es profeta en su tierra.

Colombia tiene el reto de rescatar experiencias innovadoras que se desarrollan todos los días. Sólo que no nos las contamos unos a otros, perdiendo inmensas oportunidades para superar, parcialmente, la gran inequidad de oportunidades mediante la diferenciación, el trabajo cooperativo, la organización flexible y el uso adecuado de nuevas tecnologías.

*El aprendizaje bajo la lupa, Denise Vaillant / Inés Aguerrondo, Unicef 2015.

RAFAEL ORDUZ 22 AGO 2016 – 9:00 PM / Elespectador.com / Colombia.

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