En Cuba comienzan las clases en todas las enseñanzas este lunes 5 de setiembre para iniciar el curso escolar 2016-17, motivos por los cuales cerca de un millón 700 mil estudiantes concurrirán a las aulas en los distintos niveles educacionales.

Con suficiente antelación los ministerios de Educación general y Educación Superior desarrollaron una ingente labor preparatoria del curso, incluida la cobertura de la base material de estudio (libros, libretas, lápices, medios audiovisuales, reparación y apertura de nuevas instalaciones escolares, avituallamiento de las instalaciones becarias, etc. etc. etc.) de manera que todo el proceso de enseñanza marche sobre ruedas.

No es ocioso reiterar que en Cuba la educación es gratuita, como la atención a la Salud de la población, por lo cual ni alumnos, ni padres o familiares deberá abonar ni un solo centavo para que estos reciban desde la enseñanza pre-escolar hasta los doctorados de la educación superior y mucho menos acumular deudas que nunca terminará de abonar, como ocurre en otros países, incluidos algunos tan ricos y poderosos, como los Estados Unidos de Norteamérica.

Baste decir, que después del triunfo de la Revolución en 1959, los tres o cuatro centros de educación superior existentes para esa fecha, se han convertido en una red de 64 en todo el país, muchos a nivel municipal y como promedio, alrededor de 150 mil estudiantes ingresan anualmente a sus aulas y en estos 58 años transcurridos, se han graduado en nuestras universidades cerca de un millón de profesionales en unas 90 carreras y solo adeudan el compromiso técnico y moral de servir al pueblo que lo formó y a otros que el deber internacionalista y humanitario que se les inculca, les reclame.

Me sentí obligado a este preámbulo, porque me hubiese hecho sentir mucho mejor, si historias como la de la joven Colaryn Chimori no existieran en ningún país del mundo y todos los graduados, como los de Cuba y los que pudieran haber en otras naciones en condiciones similares, dedicaran su tiempo a servir a sus pueblos, y no a pensar y padecer cómo pagan las deudas que contrajeron para poder hacerse profesionales.

Chimori, se licenció en Historia y Ciencias Políticas en la universidad pública de Pen State, Pensilvania, centro en el cual hay que pagar alrededor de 40 mil dólares anuales para cursar la carrera, aunque si lo hubiera hecho en uno privado podría haber abonado alrededor de 70 mil en el mismo período.

Pensando obtener mejores opciones de trabajo, Coralyn tomó otro crédito para hacer una maestría en la universidad de Columbia, en Nueva York, donde vive, con la idea de con mejores dividendos abonar más rápidamente la deuda, pero lamentablemente, ejerciendo como profesora en una escuela pública en el estado neoyorquino y pagando la cuota mensual la deuda no baja, porque el interés de 8% que la grava, prácticamente se lo impide.

Deudas como la Chimori no son raras en los Estados Unidos, porque las universidades gratuitas son muy pocas, por lo cual cerca del 70% de los estudiantes deben recurrir a los préstamos para poder graduarse en la carrera que escogen, tal es así que alrededor de unos 43,3 millones de personas adeudan 1,3 billones de dólares en este 2016, según las estadísticas de la Reserva Federal estadounidense.

Para reducir gastos, la Coralyn tuvo que mudarse con su esposo para la casa del abuelo de éste, pero así y todo, no terminará de abonar su deuda de 238 mil dólares con buen tiempo, para el 2030, por lo que apesadumbrada se lamenta: “No puedo comprar una casa, ni comenzar una familia (tener hijos) siento que estoy “detenida” en mis veinte y pocos años”. (1)

Funcionarios estatales argumentan que las deudas aumentan porque los jóvenes saben que si no tienen títulos universitarios no podrán acceder a puestos laborales con mejores salarios, aunque muchos piensan que los costos de las matrículas podían bajarse al igual que los intereses y caducar las deudas a los 30 años de asumida, porque hoy más del 20% de los estudiantes graduados con unos 50 años de edad tienen aún deudas educacionales.

Tomé la historia de la Chemiri, al sentirme sensibilizado con su situación, pero como la de ella hay muchas otras según la ONG Estudent Debt Crisis, que intenta reformar el sistema educacional en Estados Unidos y para ello recoge diversos testimonios de estudiantes, como uno de Montana que en 1993 tomó un crédito de 30 mil dólares para pagar la Facultad y debido a los intereses, hoy adeuda 300 mil, o la de una licenciada de abogada en California, actualmente desempleada, que ante una deuda de 400 mil está “ansiosa y deprimida” por no poder pagarla.

Escrito por Armando Boudet Gómez Categoría: Opinión Publicado: 05 Septiembre 2016 http://www.adelante.cu
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